Sacha Runa Intensive Shamanic Training : Community Forum

Blessings from the heart of the work. Sacha Runa presents this intimate forum for those who have or are considering participating in the month-long Intensive Shamanic Training. Feel free to leave contact information, speak your truth, and open to the fullest potential of this growing Shamanic community. Namaste.

Forum: Sacha Runa Intensive Shamanic Training : Community Forum
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AYAHUASCA CAMINO ENCONTRADO II

¿Acaso no estaba yo muerta? Todos en el domo seguían vivos, menos yo. Intentaban reanimarme. Realmente creí eso por unos segundos. Entonces me dejé llevar por la voz del chamán, entré en la música de su arco tan precioso, para rescatarme. Di gracias por este ser que me ayudaba a pasar por esa etapa tan dura. Cantaba. Era hermoso.

Al sentir el dolor de mi padre, su dolor existencial, lloré, lo amé y pensé en tratarlo como una madre. También pensé en mi madre, en su maleta, en su viaje emprendido esa misma noche y que duraría unos días. Me encontré con mis deseos de su muerte y me arrepentí profundamente, con la intención de amarla mucho y cuidar de ella. También pensaba mucho en la imagen de mi despedida con mi familia, esa noche, antes de llegar al centro. Entonces había abrazado a mi hija y la había besado, lo mismo con mi hijo, que me había abrazado fuertemente y no había querido soltarme. Lo había apartado, lo había mirado y había besado a mi padre y me había despedido.

¿Y si realmente era esa la última vez que nos habíamos visto? Y si yo estaba en un viaje que todos nosotros, los del domo, sabíamos se llamaba muerte? Sentí pena por la pena de mis seres queridos. Sentí a mi hijo, afectado por mi partida eterna, a mi padre. Sí, yo estaba muriendo, si es que no estaba ya muerta. Pero mi pareja estaba conmigo. Me sentía un poco culpable por eso, algo egoísta: la madre de los niños, la hija de su padre, con su amante, muriendo juntos. Sí, eso era! Estábamos muriendo juntos, como siempre presentí que algún día lo haríamos: él y yo.

Sentí a la tierra, la madre tierra, como decían los cantos, el chamán, la guía Yumi, sus cantos. La tierra, nuestro planeta es una matriz que nos cobija, al igual que una madre. La madre tierra tiene pena porque no sabe si podrá alimentar s sus hijos, entonces, me sentí igual que la madre tierra con mis propios hijos y lloré profundamente. Entonces supe que no importaba eso, porque madre tierra puede dar, aunque fueren solo raíces, que sus hijos serán alimentados, nunca les faltará!

Pensé también en las imágenes de las torres gemelas incendiándose, en las imágenes televisivas de terremotos y maremotos y en las bombas atómicas. Sería acaso una mentira? Cuánto poder tienen los que detentan el control de los medios de comunicación. Qué *******s que son, pensé.

Madre tierra, seguían los cánticos. Somos hijos de la madre tierra, en el cosmos. De pronto sentí a la esfera celeste flotando en un espacio, la vi desde fuera. Mi vida sostenía a Dios y él, la mía. La creación es un instante incierto que cualquier rato se desequilibra y muere, pero el Ser da la vida, hace que renazca la vida, extensamente compleja.

El chamán eructaba, creo, otros eructaban, otros vomitaban. Se cantó algo sobre los sapos y pensé en las salamandras, tan parecidas también a nosotros. Quizás otros seres nos observaban como nosotros lo hacemos con ellas. Y los sapos, con su enorme boca que quiere tragarse el mundo y eructarlo al siguiente momento. Tuve miedo de vomitar, porque podía atragantarme, pero lo hice, consciente de que era la única forma de renacer.

Uno por uno, cantaban los ayudantes del chamán. Fue un concierto bellísimo, el mejor de mi vida! Y lo mejor es que era tan íntimo. Yo quería hacerles las segundas voces, no quería que su canto se apagara, quería prolongarlo. En los momentos de silencio yo misma me sentía impulsada a generar mi propio sonido que no era mío, pues mis cuerdas eran solo un reproductor de un sonido presente: Dommmmmm Dimmmmm, como un mantra mis labios repetían esas sílabas que nunca antes había pronunciado. A ratos me decía Dom Dim? Extrañada, y reía. Ahora que lo he pensado es para mí un alternar de sonidos de la vida misma, como un latido. Y hoy, tres semanas después, ese sonido vital me acompaña cuando quiero conectarme al latir de la creación.

Una tribu de 13 personas. Como en los viejos tiempos de la era glacial. Hacía mucho frío. El fuego de la chimenea estaba tapado, pero refulguraba por las rendijas. Entonces imaginé que así podía haber sido la manera como la raza humana sobrevivió a la era glacial. Cantando, viviendo en la cueva. De verdad lo creía. Y ponía mis fuerzas, mi corazón, porque todos nosotros, representantes de la humanidad, pensaba entonces, resistiéramos al frío. Parecía improbable, pero lo lograríamos. Supe que si imaginaba que el día llegaba, podría ser el día siguiente a mi antigua vida, la de la madre, la amante, la hija. La noche se hacía eterna. Pero tenía fe en que llegaríamos a girar hacia el sol, a disfrutar su calor, a vivir.

El canto de los pájaros anunciaba que faltaba poco para renacer. Nos fuimos a dormir, aunque más bien dábamos vueltas en las camas, inquietos. Le pregunté a mi pareja si estaba bien. No quiso hablar, estaba enojado, enojado como dentro de la cueva, cuando Miguel nos selló los chac

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